Plan para alcanzar la perfección moral – Benjamin Franklin

Por aquella época concebio el atrevido y arduo proyecto de alcanzar la perfección moral. Deseaba vivir sin cometer faltas en ningún momento; quería vencer a todas las cosas a las que podían conducirle las inclinaciones naturales, la costumbre o las amistades. Si sabía, o creía saber, qué era lo bueno y qué era lo malo, no veía por qué no podía hacer siempre lo uno y olvidar lo otro. Pero pronto se dió cuenta de que había emprendido  una tarea más difícil de lo que había imaginado. mientras concentraba su atención para evitar una falta, incurría frecuentemente en cualquier otra; el hábito se aprovechaba de la falta de atención y a veces las inclinaciones eran demasiado fuertes como para que la razón pudiese privar sobre ellas. Finalmente llegó a la conclusión de que la simple convicción mental de que era conveniente ser completamente virtuoso, no bastaba para evitar nuestros deslices, y que antes de que podamos confiar en una conducta de firme y uniforme rectitud, es preciso acabar con los hábitos contrarios y adquirir y establecer otros perfectamente buenos. Con este objeto ideó el siguiente método.

Adquirir el hábito de todas las virtudes morales que había hallado en sus lecturas, concentrandose en adquirirlas de una en una, ordenándolas de acuerdo al progreso y facilitando su adquisición progresivamente.

1.- Templanza.- No comer hasta el hartazgo, ni beber hasta la exaltación.

2.- Silencio.- No hablar más de lo que sea conveniente para los demás y para uno mismo; evitar las conversaciones frívolas.

3.- Orden.- Dar un lugar a cada cosa y asignar un lapso a cada ocupación.

4.- Resolución.- Resolver hacer lo que se debe y hacer sin falta lo que se resuelve.

5.- Frugalidad.- No hacer gastos que no sean beneficiosos para los otros o para uno mismo, id est, no desperdiciar nada.

6.- Trabajo.- No perder tiempo; estar siempre ocupado haciendo algo útil. Suprimir todas las acciones innecesarias.

7.- Sinceridad.- No valerse de engaños perjudiciales; pensar con buena fe y justicia, y si se habla, hacerlo en la misma forma.

8.- Justicia.- No dañar a nadie mediante injurias, ni negar los beneficios de que uno es deudor.

9.- Moderación.- Evitar los extremos. Procurar no resentirse por las injurias más de lo que se cree que éstas merezcan.

10.- Limpieza.– No tolerar la suciedad en el cuerpo, ni en los vestidos, ni en la casa.

11.- Tranquilidad.- No preocuparse por tonterías o por accidentes comunes o inevitables.

12.- Castidad.

13.- Humildad.- Imitar a Jesús y a Sócrates.

Siguiendo un método de acuerdo al consejo de Pitágoras en sus «Versos de Oro», sería necesario llevar  a cabo un examen diario, ideó un método para realizarlo, llevando un control de las faltas cometidas de cada virtud por dia.

Aquí sostendré. Si hay un poder sobre nosotros (y toda la naturaleza grita alto con sus obras que lo hay) debe deleitarse con la virtud; y aquel que hace que se deleite, debe ser feliz.

Caton de Addison

Otros de los proverbios de Salomón, que se refiere a la sabiduría o virtud:

«Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos y todas sus veredas paz»

Y como pensaba que Dios es la fuente de la sabiduría consideró justo y necesario solicitar su ayuda para obtenerla diariamente:

¡Oh poderosa Bondad! ¡Oh generoso Padre! ¡Misericordioso Guía! Aumenta en mí esa sabiduría que pone en evidencia lo que más verdaderamente me interesa. Fortalece mis resoluciones para ejecutar los dictados de esta sabiduría. Acepta los generosos favores que hago a tus otros hijos, como la única posibilidad a mi alcance para devolverte los continuos favores que me otorgas».

A veces hacía uso también de esta pequeña plegaria que había tomado de los poemas de Thompson:

¡Padre de la luz y de la vida, Tú, Bien Supremo! ¡Oh enséñame lo que es el bien; enséñame tu ser mismo! salvame de la locura, de la vanidad y del vicio,  de todos los bajos anhelos, y llena mi alma de sabiduría, de paz consciente y de virtud pura, sagrada, sustancial e imperecedera bienaventuranza.

 

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